19 de abril de 2013

El ex presidente Luiz Inácio Lula da Silva habló este martes (19) en la apertura de la exposición Genesis, de Sebastião Salgado. Amigo de larga data del fotógrafo de Minas Gerais, Lula recordó una frase del escritor brasileño Eric Nepomuceno, que se refirió a Sebastião como un “cazador de luz” y agradeció la invitación para abrir “esta deslumbrante, asombrosa exposición de su más reciente trabajo” en el Museo de Historia Natural de Londres.

Para bajar fotos en alta resolución, visite el Picasa del Instituto Lula.

Para saber más sobre la exposición y el trabajo de Sebastião Salgado, visite la página de Genesis en Facebook: https://www.facebook.com/SebastiaoSalgadoGenesis 

Lea a continuación el discurso completo de Lula

No me canso de repetir que la gran bendición de Brasil, en sus quinientos años de existencia, no reside solo en sus infinitas riquezas naturales, en su suelo fértil o en los yacimientos de petróleo que acabamos de descubrir a siete mil metros de profundidad de nuestro mar azul.

El mejor regalo que el destino nos ha hecho es nuestra gente. Son los doscientos millones de brasileños que habitan nuestro territorio.

Y cada vez que reflexionamos sobre ese pueblo maravilloso, es inevitable que nuestra mirada recaiga sobre el trabajo y la figura de algunos de los más ilustres hijos de Brasil.

Entre ellos está, en un sitio honorario, el fotógrafo Sebastião Salgado, que me a honrado con la invitación para abrir esta deslumbrante, asombrosa exposición de su más reciente trabajo.

Aun convertido en ciudadano del mundo, reconocido y celebrado en todos los rincones del mundo, Sebastião Salgado – o sencillamente Tião Salgado, como cariñosamente lo tratan los amigos – nunca ha dejado de ser el suave brasileño de Aimorés, la hermosa ciudad del estado de Minas Gerais a orillas del Río Dulce.

Empujados por la mano implacable de la dictadura militar, a mediados de los años sesenta Tião y Lelinha, su mujer e inseparable compañera, fueron obligados a dejar la patria y exiliarse en Europa. Fue entonces cuando el economista especializado en el mercado del café dio lugar a uno de los más sensibles y talentosos de nuestro tiempo.

Veinte años atrás, cuando las fotos de la serie intitulada “Trabajadores”eran expuestas en Madrid, un crítico terminó su reseña en un periódico que quedó grabada en la memoria de todos: “Muchas gracias, Sebastião Salgado, por sorprendernos cada día”.

En eso pienso siempre que veo fotos suyas publicadas en diarios o revistas. Porque nos sorprenden cada día, en cada mirada. En aquellas imágenes, y en estas impresionantes imágenes aquí expuestas, está su manera de ver el mundo y de ver la vida. En cada fotografía de Salgado está impresa su fe obstinada en el ser humano, en la capacidad del hombre de soñar, incluso en las situaciones más perversas. Una irremediable fe en la vida.

Son fotos que parecen decir: “Esta es la vida de la humanidad, es mi vida, y no voy a abandonarla”. Su marca registrada es su profundo compromiso social.

Hace algunos días un amigo me mostró un entrevista que dio Salgado a fines de los años 90, cuando preparaba una exposición de 360 fotos que le consumieron años de trabajo, muchas veces en condiciones absolutamente inhóspitas. Un detalle técnico que me llamó la atención: Salgado contó que su cámara operaba a una velocidad de 250 avos de segundo – ¡cuatro mil milésimas de segundo! – cada vez que abría el obturador. El autor del reportaje hizo las cuentas y descubrió que aquellas 360 fotos, producidas en interminables meses de trabajo, significaban 1,44 segundos de historia del ser humano. En menos de dos segundos, Sebastião Salgado captaba y ponía frente a nuestros ojos todo el esplendor y toda la tragedia de la vida humana.

Se ha vuelto común identificar la autoría de sus fotos aunque no estén firmadas. Cada una de ellas es el resultado de una sensibilidad aguda y sin límites, de una técnica ejemplar y también de una conciencia social inquebrantable. Sebastião Salgado es un fotógrafo de compromiso, un compromiso sin retorno, sin vuelta.

El que se dé el privilegio de seguir sus álbumes, desde “Otras Américas” de 1986, pasando por “Trabajadores”, “Tierra”, “Éxodo” y “África”, verá que no son imágenes aisladas, sino fotos que cuentan una misma historia. No son meras imágenes grabadas en el papel. Son parte de los él ha conocido y vivido. Cuando revela una foto, revela la vida. La observación de la obra de Salgado nos permite entender por qué el escritor brasileño Eric Nepomuceno se ha referido a él como “un cazador de luz”.

En un mundo de tinieblas, Sebastião Salgado caza la luz.

En este trabajo que a partir de ahora estará abierto a los británicos, Salgado también cuenta una historia – la historia de nuestro planeta. Él ha ido a buscarla a los sitios más remotos, donde el paisaje no ha sido tan transformado, donde los habitantes todavía viven de acuerdo a culturas ancestrales. Una vez más, él partió en busca de reminiscencias. Una vez más, é congela el tiempo en sus fotografías para hacernos pensar. Para traernos revelaciones sobre nosotros mismos, nuestra historia, la historia del bicho humano, la historia de nuestro planeta, de nuestra vida.

Sebastião Salgado y yo venimos del mismo país. Venimos de un país que sigue apostando a la vida, a la luz y al futuro. Y ambos seguimos apostando a la capacidad humana de soñar y transformar la realidad.

A ti, mi querido Tião, a Lelinha, a sus hijos Juliano y Rodrigo, traigo el abrazo fuerte de 200 millones de brasileños de se enorgullecen mucho por ser sus compatriotas.

Muchas gracias.